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Una Mesa para el diálogo y la colaboración

Por Horacio Brieva, Director Ejecutivo Fundación ProTransparencia.

En un hecho inusual, que solo podría entenderse tal vez en el marco de la pandemia del COVID-19, a finales de abril se constituyó lo que se ha denominado la Mesa Ciudadana Atlántico. Se trata de un espacio de diálogo y colaboración que facilitó, vía Decreto, la gobernadora del departamento,  Elsa Noguera De la Espriella. 

La intención que la inspira es que allí se puedan encontrar el Gobierno Departamental y entidades y personas de la sociedad civil. Yo abonaría, en favor de la gobernadora, que haya sido la única mandataria del departamento que convalidó esta propuesta y la ha estimulado con cordial entusiasmo.  

La iniciativa fue sustentada en un documento que suscribimos Diógenes Rosero Durango, Diego Saavedra Benedetti y yo. 

Debe quedar claro, de entrada, que esta mesa no fue creada para tomar decisiones de gobierno que solo corresponden, exclusivamente, a la administración. Fue concebida con el único fin de que sus invitados  formularan ideas, sugerencias, propuestas e incluso críticas relacionadas con el manejo de la pandemia en un ambiente de total respeto y libertad. Significa que ésta no es, ni mucho menos, una mesa de bolsillo de la Gobernación del Atlántico, y tampoco, en consecuencia, un comité de aplausos. 

Hasta la fecha, hemos realizado varias sesiones, todas vía Zoom naturalmente, como corresponde a esta época de virtualidad reforzada y obligada. Simultáneamente a las deliberaciones de la mesa, la gobernadora ha entablado diálogo con otros actores, como los congresistas del Atlántico, que a mi juicio solo reaccionaron cuando la pandemia empezó a arreciar preocupante y peligrosamente. Sin embargo, su concurso es importante y se requiere para exigir cosas al gobierno nacional en un país donde todo se mueve centralistamente y con frecuencia con una lentitud que agrava la dinámica de una emergencia sanitaria de las proporciones conocidas. 

Cuando se inició la mesa, dadas las ruidosas averiguaciones disciplinarias de los contratos de  ayudas alimentarias y las mismas dificultades operativas para entregarlas, una de las primeras recomendaciones a la gobernadora fue sustituir tales ayudas por un bono solidario. La decisión de entregar un auxilio de 100 mil pesos, por medio de Supergiros, a 20 mil mototaxistas nos parece que va en la dirección de la sugerencia mencionada. 

En lo personal, y desde mi independencia de opinión, no he sido partidario de atribuir el crecimiento exponencial de la pandemia a lo que han llamado la ‘indisciplina social’. Para mí la falta de compromiso que han mostrado muchos ciudadanos frente al confinamiento y el autocuidado, responde más bien a un amasijo complejo, donde se entrecruzan informalidad y especiales carencias en educación ciudadana que no han sido tratadas desde la institucionalidad pública. Por lo tanto, el camino no es restringir las libertades, ni más Fuerza Pública. 

Destaco, sin embargo, que ese discurso de la ‘indisciplina social’ ha cedido por la asignación de específicas responsabilidades a las EPS, dado el río de quejas que contra ellas se ha desbordado por los atrasos en las tomas de pruebas  y en las entregas de resultados y medicamentos. 

También, como parte de esta mesa, me he mostrado receptivo a que este espacio se extienda a otros sectores ciudadanos que desean ser escuchados. Tengo muy claro que requerimos  una ciudadanía cada vez más activa y esta pandemia debe contribuir a eso. Una ciudadanía más involucrada en lo público es fundamental para tener gobiernos más responsables y eficaces.

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